En Nueve de Julio, pleno corazón de la Pampa Húmeda, a tan solo 400 metros de la Ruta Nacional 5, ingresando a El Provincial, emerge un lugar que combina gastronomía, trabajo y valores de inclusión. Este es Campo Viejo por la igualdad, un complejo que no solo destaca por su oferta culinaria, sino por ser un espacio inclusivo que genera empleo para personas con discapacidad. Un ejemplo de cómo los emprendedores pueden cambiar el panorama laboral y social, demostrando que, más allá de la solidaridad, el trabajo digno es lo que realmente potencia a las personas.
En otras palabras, Campo Viejo por la igualdad está en la localidad de El Provincial, en el acceso que une la Ruta 5 con el pueblo y es un complejo pionero que da trabajo a personas con discapacidad, demostrando que la inclusión laboral es posible y valiosa.
El origen de Campo Viejo: una idea que comenzó en familia
Ariel Valls, dueño del lugar, contó a Cadena Nueve que la idea surgió hace poco más de un año, tras una etapa en la que Campo Viejo no estaba siendo explotado. “Lo tenía alquilado, pero cuando me devolvieron las llaves, no tenía mucha motivación para seguir con el restaurante. La gastronomía agota, y la verdad es que no quería continuar en ese rubro”, confiesa Ariel. Sin embargo, junto con Claudia, su pareja, decidieron transformar el complejo en un espacio diferente, que diera cabida a personas con capacidades diferentes.
“Nos contactamos con Paula Longarini, quien está a cargo del taller protegido ‘Nacimos para Ti’, y ahí surgió la idea de ofrecer trabajo a personas con discapacidad. A veces, por ignorancia, uno no toma conciencia de la valía que tienen estas personas y el espacio que necesitan”, comenta Ariel. Y agrega: “Lo que buscamos es darles un lugar de trabajo, sin ninguna connotación de caridad, simplemente reconociendo que tienen capacidades igual de valiosas que cualquier otra persona.”
Un emprendimiento con propósito: la inclusión como motor del negocio
Claudia Péres, quien comparte este proyecto con Ariel, remarca que la inclusión no es solo un acto de solidaridad, sino una forma de vida. “Este lugar tiene que ver con darles una oportunidad a todas las personas, no solo a quienes tienen discapacidad, sino a todos. Es un espacio donde todos somos diversos, y la inclusión comienza a ser natural”, destaca.
Lo que comenzó como una idea impulsada por una entrevista televisiva de un restaurante de San Isidro, Buenos Aires, se convirtió en un proyecto concreto. “Lo que vimos en esa entrevista fue una inspiración. Pensamos que si en la educación se promueve la inclusión, ¿por qué no continuarla en el ámbito laboral?”, agrega Claudia.
La importancia de la ley y la inclusión laboral
Un aspecto que Ariel y Claudia reflexionan es sobre la ley que obliga a las empresas a incorporar un porcentaje de empleados con discapacidad. “Es una ley que en principio suena bien, pero me pregunto, ¿por qué debe existir una ley para incorporar a una persona con discapacidad? ¿No tendría que ser algo natural, como darle trabajo a cualquier otra persona?”, comenta Ariel, cuestionando las barreras sociales que aún existen en torno a la discapacidad.
Testimonios que inspiran
Cintia Rambosio, expresó su alegría por ser parte de la actividad, luego de resaltar con orgullo que es ‘Moza’.
María Albarino, una de las trabajadoras del complejo, expresa su satisfacción con el empleo que le han brindado. “Estoy muy contenta con el trabajo que me dieron. También tengo una criatura con discapacidad, y poder ver cómo se reinsertan en la sociedad es muy lindo”, comenta María, quien trabaja en la cocina junto con Mario, su compañero de labores.
Por su parte, Graciela, madre de una de las trabajadoras, agradece la oportunidad que se les brinda a los jóvenes con discapacidad. “A veces, la inserción laboral no es fácil. Pero aquí, nuestros hijos disfrutan, aprenden y son respetados. Eso es lo que más valoramos”, afirma Graciela.
En tanto, Antonela Toledo, con seguridad de su compromiso, señala que atiende las mesas, y como moza, le gusta la labor y se siente acompañada por los comensales.
Paula Longarini, coordinadora del Taller Protegido “Nacimos Para Ti”, también destaca la importancia de este emprendimiento, ya que representa una de las primeras oportunidades laborales en la región para adultos con discapacidad. “Ariel y Claudia siempre nos dieron un espacio seguro para que los chicos trabajen y se desarrollen. Fue una experiencia increíble verlos disfrutar y ser responsables de su labor”, señaló Paula.
Fabricio es un padre que acompaña a su hija Cintia, quien trabaja en Campo Viejo. Agradecido por la oportunidad que este emprendimiento le brindó, Fabricio resalta lo fundamental que es para su hija poder insertarse laboralmente en un espacio tan cálido y respetuoso.
“Yo soy papá de Cintia, que trabaja aquí. Estoy muy contento de poder apoyar a mi hija y de que ella esté tan feliz en su trabajo”, destacó Fabricio. “Lo que más valoro es que ella tiene la oportunidad de aprender, de disfrutar del trabajo y, sobre todo, de ser respetada. Para nosotros como padres, esto es algo invaluable, porque no es fácil encontrar lugares que den trabajo a personas con discapacidad”.
Fabricio también destaca el ambiente familiar y acogedor de Campo Viejo. “Aquí no solo se siente que hay un trabajo, sino que también hay respeto y oportunidad para crecer. A veces, no se trata solo de ganar dinero, sino de sentirse útil, de ser parte de algo”, reflexiona.
Por otro lado, Mario Sagas, quien trabaja en la cocina de Campo Viejo, comparte su experiencia y la satisfacción que siente al formar parte de este proyecto. A pesar de las dificultades iniciales, Mario se siente cómodo y realizado en su labor.
“Mi nombre es Mario y soy ayudante de cocina en Campo Viejo. Trabajo junto a María, y lo que más me gusta de este trabajo es que me siento parte de un equipo. Al principio, cuando comencé, me costó un poco, pero poco a poco fui aprendiendo. Ahora me siento muy bien”, contó Mario con una sonrisa.
Mario, quien realiza tareas como cortar lechuga, tomate y otros ingredientes, asegura que ha encontrado un espacio donde no solo se valora su trabajo, sino también su desarrollo personal. “Aquí, no solo cocinamos, sino que también estamos aprendiendo. El equipo es muy unido, y me siento cómodo con mis compañeros”, agrega.
Además, Ariel Valls expresó que el equipo de trabajo se integra también, por Emilia Pisano (Servicio de Barra), Victoria Mileo y Melina Berasaluze (Servicio de mesas), Julia Péres en la promoción del lugar, Taís Hernández en cocina y Genaro Valls en cocina.
El respaldo de la familia y la comunidad: un factor clave para el éxito
A lo largo de la conversación con Fabricio y Mario, es evidente que el respaldo familiar y el apoyo de la comunidad son factores esenciales para que este proyecto siga adelante. La inclusión no es solo una tarea de los emprendedores, sino también de todos aquellos que forman parte del proceso, desde las familias de los trabajadores hasta las instituciones que los acompañan.
Un lugar que crece y mira al futuro
Campo Viejo por la igualdad, no solo se distingue por su propuesta inclusiva, sino también por su ambientación y la calidad de su oferta. El complejo, que tiene capacidad para 120 personas, cuenta con un espacio que respeta la geografía local y se adapta al estilo rural de la zona. Por el momento, las puertas están abiertas solo dos domingos al mes, pero la demanda crece rápidamente. “El último domingo que abrimos, se llenó todo rápidamente, lo que demuestra que la gente valora este tipo de propuestas”, comenta Ariel.
A pesar de la creciente demanda, los organizadores prefieren mantener un ambiente relajado, con un aforo de entre 60 y 70 personas, para que los trabajadores tengan un ritmo adecuado y puedan disfrutar del proceso.
Un ejemplo para seguir
Campo Viejo por la igualdad es un claro ejemplo de cómo la inclusión laboral no solo beneficia a las personas con discapacidad, sino que también puede ser un motor de desarrollo económico y social en una comunidad. Este emprendimiento no solo mejora la vida de quienes trabajan allí, sino que también demuestra que el compromiso con la inclusión puede ser un valor central en cualquier tipo de negocio.
Ariel y Claudia, junto con los trabajadores y las familias que apoyan este proyecto, siguen demostrando que la inclusión laboral es posible. El mensaje es claro: el trabajo y la igualdad de oportunidades no deben ser una excepción, sino una regla en todos los sectores de la sociedad.








