
En una sentida carta pastoral, monseñor Ariel Torrado Mosconi, obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio, expresó su pesar por el fallecimiento del Papa Francisco, ocurrido recientemente en Roma, y convocó a toda la diócesis a orar por el eterno descanso del primer pontífice argentino.
“Sin lugar a dudas la partida del querido Papa Francisco no deja indiferente a nadie”, comienza diciendo el prelado, quien remarcó la profunda huella que el Santo Padre deja en la Iglesia y en el mundo entero. Torrado Mosconi definió el sentimiento de estos días como “agridulce”: por un lado, el dolor por la pérdida de quien guió a la Iglesia universal hasta su último aliento; por otro, el consuelo de saber que ha regresado a Dios tras una vida de entrega.
La misiva destaca especialmente el legado del Papa Francisco, recordado como el pontífice de Evangelii Gaudium, “la alegría del Evangelio”, y como un líder pastoral que impulsó a la Iglesia a salir al encuentro de las periferias, a convertirse en un “hospital de campaña” y a abrazar con fuerza la misericordia y la sinodalidad.
Monseñor Torrado Mosconi recordó también su vínculo personal con Jorge Bergoglio, a quien conoció como su obispo en Buenos Aires durante gran parte de su sacerdocio, y quien lo consagró obispo. “Por eso mi trato fue siempre, aún como Papa, de ‘Padre’”, expresó con emoción.
Finalmente, invitó a los fieles de toda la diócesis y a las personas de buena voluntad a encomendar al Papa Francisco con una despedida cargada de cariño y gratitud: “¡Padre Jorge, Papa Francisco, muchas gracias, descansa en paz!”.
Mensaje textual:
Nueve de Julio, 21 de abril del año santo 2025, lunes de la octava de Pascua.
Queridos todos en el Señor:
Sin lugar a dudas la partida del querido Papa Francisco no deja indiferente a nadie ni en la Iglesia ni en la sociedad, particularmente en su tierra argentina. Nos embarga un sentimiento ciertamente “agridulce”, como tantas veces nos pasa con nuestros seres queridos: dolor por la pérdida, porque ya no seguirá entre nosotros cumpliendo su misión y donándonos su testimonio; gozo porque vuelve a Dios, término de toda existencia humana, a presentarle su tarea cumplida hasta el último instante.
Sí, Francisco nos ha dejado este bello y heroico testimonio guiado cabalmente la Iglesia universal hasta el último aliento de vida, cargando la cruz de la enfermedad porque, al decir de otro santo pontífice “Pedro sirve a la Iglesia, sin soltar su timón, conduciéndola en medio de la tormenta” (Cfr. San Gregorio Magno).
Parte el Obispo de Roma -así quiso siempre que lo denominaran en primer lugar- dejándonos su legado con su impronta. El Papa de “Evangelii gaudium/la alegría del Evangelio” con ese fuerte y gran llamado a la “pasión por evangelizar”, la urgencia de la misión, a “callejear la fe” hasta las “periferias existenciales”, llamando a la Iglesia entera a ser en cada lugar un auténtico “hospital de campaña”. El Papa que supo captar con clarividencia las grandes llagas y causas del mundo actual: la paz por la tragedia de la “tercera guerra mundial por partes” como solía afirmar; el cuidado de la casa común y del medio ambiente; el drama de los pobres y los refugiados, buscando siempre el camino de diálogo incansable con todos y promoviendo la “cultura del encuentro” y la fraternidad en el mundo.
Parte el Pastor de la Iglesia universal promotor de su reforma entendida siempre como “conversión pastoral”, que la concibió cada vez más como sacramento de comunión y misión y, por eso, nos dejó de consigna y programa la “sinodalidad” que la edifica y manifiesta. No deja la Misericordia como su genuina herencia espiritual. Para él es el verdadero nombre de Dios, el estilo de vida de todo seguidor de Jesús, el rostro que debe mostrar la Iglesia y el remedio para las heridas abiertas de la humanidad.
No deja de conmoverme su partida, personalmente: fue mi obispo -así como yo lo soy de Uds. ahora, para que puedan entender este sentir- durante la mayor parte de mi sacerdocio en Buenos Aires y quien me confirió la consagración episcopal. Por eso mi trato fue siempre, aún como Papa, de “Padre”, siempre me dirigí a él de esa manera. Por eso hoy, invito a los fieles de toda la diócesis y a las personas de buena voluntad a encomendarlo y despedirlo diciendo: ¡Padre Jorge, Papa Francisco, muchas gracias, descansa en paz!
+Ariel Torrado Mosconi
Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio